Tiempo lineal que he pasado sin escribir. Seguramente porque decidí centrarme en mi mismo hace ya más de un año. Pero ha sido en el traspaso de este invierno cuando realmente he podido tomar consciencia de la cantidad de veces que hablaba y hablaba sin materializar en la tierra todo aquello que decía. Creemos muchas veces que con poner frases bonitas, ya sea en el Facebook, o en cualquier medio que pueda ofrecer una imagen de ti, ya lo tenemos todo hecho. Quizá porque nos centramos más en la apariencia que en la transformación real de uno mismo. Pero realmente lo aplicamos a nuestras vidas ?. En mi caso ha sido que no. He necesitado bastante tiempo para ser consciente de ello. Siempre había personas a las que culpar, siempre encontraba la posibilidad de quejarme de alguien, o del mismo sistema al que le exigía una responsabilidad que no me aplicaba a mi mismo en cada una de mis acciones. Podemos hablar del cambio porque sentimos es...
Decía Albert Einstein: “si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo” Pero claro, hacer siempre lo mismo, te mantiene dentro de esa zona en la que te sientes seguro, aunque siempre tengas la sensación de que te falta algo. Siempre puedes mantenerte en esa queja cuando las cosas no salen como tu esperabas, sin saber que en lo que habías depositado tus esperanzas era pura expectativa. Siempre puedes culpar a los demás cuando algo no sale bien. Pero, ¿ no es esa una actitud de víctima en la que te refugias y te permite no asumir toda la responsabilidad de todo aquello que haces ? ¿ Y si giramos la tortilla ? El único responsable de todo cuanto haces eres tu. La intervención de todo lo externo, no deja de ser una reacción ante una acción tuya. Entonces bajo esta premisa, la culpa y la queja desaparecen. Tu eres el único responsable de todo cuanto ocurre en tu vida, directa o indirectamente. Pero … ¿ podré vivir sin quejarme ?, ¿ podré vivir si...